martes, 24 de enero de 2012

ARCHIVO-CONGRESO API EN MEXICO

EL FESTIVAL DE CINE POST CONGRESO Y LA "CONEXIÓN MEXICANA"
Raquel Berman (México)




Los Olvidados, Babel y El laberinto del fauno serán las piezas centrales del Festival de Cine del Congreso de México “Mundos rotos: el inconsciente en el cine”, que se iniciará el sábado 6 de agosto a las 5 p.m. y se prolongará durante todo el día domingo 7 de agosto. Estas películas aclamadas internacionalmente fueron dirigidas por tres directores mexicanos: Luis Buñuel, Alejandro González Iñárritu y Guillermo del Toro.
Algunos hilos comunes a los tres son la experiencia de inmigración, un profundo interés por las vulnerabilidades de la niñez y adolescencia y la importancia de ser padre, hilos que se atan en sus obras cinematográficas.

Buñuel nació en España en 1900. En la década de 1920 hizo una exitosa carrera cinematográfica en París, donde filmó La edad de oro en 1929 y Un perro andaluz (Un Chien Andalou) en 1930, en colaboración con Salvador Dalí. A partir de la década de 1930 trabajó esporádicamente en Hollywood; se exiló en los EUA en 1941 después del triunfo de Franco en España. Trabajó en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, dirigió un comité latinoamericano de propaganda antinazi y estaba a punto de adquirir la ciudadanía estadounidense cuando Dalí publicó La vida secreta de Salvador Dalí, donde lo acusaba de ser ateo. Esto, junto con su lealtad hacia los republicanos españoles derrotados, fue utilizado en contra de Buñuel, quien renunció entonces a su empleo. En 1946 acompañó a un productor francés a México, donde fue recibido con los brazos abiertos por los intelectuales mexicanos e invitado a quedarse en el país por el entonces Secretario del Interior. De los 31 filmes que dirigió durante su carrera, 21 de ellos fueron realizados en México entre 1946 y 1964. A pesar de ello, algunos expertos en Buñuel continúan definiéndolo como un cineasta español o francés con el argumento de que las obras de su primer periodo surrealista y su última película francesa son superiores a su producción mexicana. Buñuel obtuvo la ciudadanía mexicana en 1949 y vivió en México hasta su muerte en 1983. Después de la muerte de su viuda, su familia donó sus objetos personales y manuscritos a España, lo que disgustó a muchos de sus seguidores mexicanos. El por qué no pudieron ser retenidos en México, es algo que aún no se sabe.

Los críticos mexicanos consideran que Buñuel produjo por lo menos tres obras maestras que son parte del legado cultural que México ha aportado a la cinematografía internacional: Los olvidados, Viridiana y El ángel exterminador, entre otras películas importantes. Los olvidados (1950) muestra la pobreza y crueldad urbana de México tal como es experimentada por los niños y adolescentes que viven en un mundo sin padres. Inicialmente no fue bien recibida en México ya que se consideraba que mostraba una mala imagen del país. Esta reacción negativa no fue solamente la respuesta de fuerzas políticas autoritarias. Durante la Segunda Guerra Mundial, la industria cinematográfica mexicana pasó a ser muy exitosa debido a la desaparición de los filmes europeos y el rechazo a las películas de guerra estadounidenses que no eran del interés del público mexicano. En esa época, llamada “edad de oro” de la cinematografía mexicana (1941-1945), dominada por “Indio” Fernández y Gabriel Figueroa, se produjeron innumerables películas rancheras que idealizaban el México rural; otros géneros importantes fueron las películas sobre “malas mujeres”, películas de suspenso muy poco sofisticadas y meras vitrinas para cantantes populares famosos. Los temas sociales y políticos, así como los dilemas emocionales complejos, eran evitados.
Buñuel ganó el premio al mejor director en Cannes en 1951 por Los olvidados, lo cual marcó su reentré internacional, así como el reconocimiento de México en la cinematografía internacional.

Cincuenta años después, a diferencia de la migración de Buñuel de EUA a México, un trío de cineastas mexicanos, Alejandro González Iñárritu, Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón, cruzaron la frontera en dirección opuesta y se mudaron de México a Hollywood. En México realizaron filmes que fueron aclamados en todo el mundo (Y tu mamá también de Cuarón, Amores perros de Iñárritus y Cronos de Del Toro) pero no pudieron seguir trabajando en su patria. Hace 25 años, México producía 100 películas al año y era una locación favorita de producciones de Hollywood. Luego siguió un periodo en el que solo se hacían 40 películas al año.

Una vez que los tres se fueron a Hollywood y Europa, alentaron a otros cineastas mexicanos a seguirlos y los incorporaron en sus propios proyectos. Directores de fotografía y artísticos, músicos y actores mexicanos comenzaron a ganar premios Bafta, Globos de Oro, Óscares y premios del Festival de Cine Sundance. Apareció una nueva ola mexicana.
En el estreno de Hijos de los hombres (2006) en la Ciudad de México, Cuarón declaró a la prensa: “soy un bracero de lujo”, explicando que, como otros inmigrantes, también había cruzado la frontera estadounidense en búsqueda de mejores oportunidades. Este mote fue adoptado por otros cineastas mexicanos inmigrantes. Por supuesto, a diferencia de la mayoría de los inmigrantes, estos cineastas no huyeron de la pobreza sino de la monumental dificultad para producir filmes en México. Ninguno de ellos tuvo que cruzar el desierto para llegar a EUA, cosechar fresas en Florida o cuidar bebés o jardines en Arizona. Pero sí tuvieron que hacer frente durante años al desdén porque eran considerados menos competentes debido a su origen mexicano (Berman, 2007).




Al recibir el Globo de Oro a la mejor película por Babel de manos del ex gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, Gonzalez Iñárritu también expresó su solidaridad hacia sus compatriotas mexicanos que no son braceros de lujo diciendo: “Gobernador, le juro que tengo mis papeles en orden” (Berman, 2007). Estos braceros de lujo comparten con los otros el anhelo de regresar a México y mejorar las condiciones que existen allí.
Inárritu y Del Toro retomaron el tema de la inmigración en una entrevista con el gurú de la televisión norteamericana, Charlie Rose, (2006). Iñárritu dijo: “Creo que compartimos esa angustia que produce estar fuera del país, pero al mismo tiempo esa perspectiva que se obtiene de estar fuera y de verte a ti mismo, a tu país, y entenderte a ti mismo a través de los demás”, mientras que Del Toro comentó acerca de la experiencia de cooperación derivada de su exilio compartido. Cooperan en proyectos, se apoyan y critican el uno al otro y prefieren la amistad a la rivalidad. “El signo de la verdadera amistad, dijo Del Toro, es perdonar el éxito [de tu amigo]” (Rose, 2006).
En esta misma entrevista, Iñárritu menciona que asumir el rol de padre ha inspirado los temas de sus películas, particularmente los temores respecto a la fragilidad de los niños (Rose, 2006). Ese es también el caso de Amores perros, 21 gramos, Babel y Biutiful, su película más reciente.





Del Toro trata este tema a través de su interés obsesivo por la vida interna y las fantasías de los niños que están pobladas de demonios, monstruos, vampiros y fantasmas. El laberinto del fauno es la brutal historia de una niña que ha perdido a su padre, que vive con un padrastro cruel y que se refugia en sus fantasías. Del Toro ha defendido siempre su visión anti sentimental de la niñez y de los padres, pero tiene una enorme empatía con sus personajes niños. El contraste entre lo bello y lo brutal es la esencia de su arte (Tsao, 2010). Del Toro ha dicho que sus películas son análogas a las crueldades y temores que se hallan en los cuentos de hadas originales y no en las versiones lavadas de Disney que él detesta. En su opinión, “los demonios y monstruos son fuerzas liberadoras puesto que lidian con imperfecciones con las que tenemos que reconciliarnos en lugar de aspirar a la perfección” (en Tsao, 2010).
Las películas de Iñárritu y Del Toro son estéticamente distintas, reflejan sensibilidades y talentos latinoamericanos; son melodramas que tratan sobre la bondad acechada por el mal y, a diferencia de las películas estadounidenses, en ellas hay una ausencia de redención (Berman, 2007). Los filmes de Buñuel, aun cuando él viene de una tradición diferente y corresponde a un periodo más temprano del cine mexicano, pueden ser también incluidos en esta percepción.


Referencias Raquel Berman, S. (2007) “Cifrando la ola”, Letras Libres 9 (100, Abril). Rose, C. (2007) “La noche de los Gotham: entrevista con Alfonso Cuarón, Guillermo del Toro y Alejandro González Iñárritu”, Letras Libres 9(100, April). Tsao, L.G. (2010) “El contraste entre lo bello y lo brutal”, Cine Toma 3(13, Nov.–Dic.).

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